lunes, 3 de marzo de 2008

MITOS Y REALIDADES DEL SEXO ANAL

Sexo Anal, Mito y Realidades

El miedo al dolor, paraliza

Los hombres juran que cuando una mujer aprende a gozar del sexo anal ya nada la satisface tanto. Las mujeres (gran parte de ellas), paralizadas por el miedo al dolor, terminan cediendo a los pedidos de sus compañeros pero sin disfrutar realmente de esta penetración tanto como de la vaginal. Lo cierto es que el temor de la mujer a ser penetrada por el ano es ancestral. Las razones son varias: malas experiencias, prejuicios religiosos y sociales que lo asocian a una práctica antinatural.

Claro que, más allá de los pedidos de sus compañeros, muchas mujeres desean aprender a gozar de esta parte de su cuerpo. Y la mejor manera de lograrlo es sabiendo qué hacer para que el temor se convierta en confianza y en sensaciones placenteras.

Manual para gozar sin dolor

Como todas sabemos el cuerpo de la mujer es elástico, por lo que tiene la propiedad de estirarse y encogerse según lo necesite. Si primero comprendemos bien cómo funciona nuestro cuerpo, podremos aprovechar ese conocimiento para convertir el miedo al dolor, en un goce placentero.

Pero todo lo anterior no sirve de nada si no tenemos una confianza plena en nuestra pareja, debemos estar completamente seguras de que él no hará nada que nos lastime. Él deberá estar consiente y tener tanta paciencia como nosotras necesitemos.

El ano es un músculo cuyo funcionamiento está diseñado para expandir hacia fuera. Recordemos un poco cuando vamos a obrar; al pujar expandimos el músculo hacia fuera sin que esto produzca dolor. Cuando nos penetran, combinando el miedo con la falta de información de nuestra pareja y la propia, lo que hacemos es permitir que fuercen a que el ano se expanda hacia adentro y es ahí en donde el dolor se produce, porque estamos permitiendo que obliguen a nuestro músculo a expandir en sentido contrario al que está diseñado.

La técnica correcta para no sentir dolor, es expandirlo hacia fuera. Esto es posible lograrlo con la ayuda, comprensión y paciencia de nuestra pareja y con la conciencia plena de que tenemos el control completo de la situación. Con todo eso, estaremos seguras, tranquilas y relajadas, para facilitar la penetración. Durante el preámbulo y junto con las caricias, permitiremos a nuestro compañero que comience a lubricar el ano. Lo puede hacer con el lubricante que hayamos escogido y un dedo, “con un solo dedo” que tenga perfectamente cortada y limada la uña para no lastimarnos. Le permitiremos que con todo cariño y cuidado, acaricie nuestro ano e incluso que introduzca el dedo. Primero metiendo y sacándolo solamente y después girándolo con toda ternura dentro de nuestro ano, pero siempre con una gran cantidad de lubricante.

La posición correcta para iniciar la penetración anal sin dolor (aclarando que no tiene nada de romántica esta postura), es recostando al hombre boca arriba, preferentemente junto a un mueble del que te pueda apoyar y en el suelo, que por ser completamente duro y no tener la menor amortiguación, nos dará un control completo de la situación. Él deberá estar completamente de acuerdo, que mientras dure el proceso de amoldamiento de nuestro ano, no deberá hacer el más mínimo movimiento, por muy placentero que le resulte. Si él no logra estarse quieto, retírate y posponlo para cuando pueda estar más tranquilo.

El lubricante aplicado generosamente en tu cavidad anal y en el pene de tu compañero, es otra de las claves primordiales para disfrutar del sexo anal sin dolor. Cuando estés segura de que ambos tienen las cantidades necesarias de lubricante, iniciará tú la penetración. Sí, tú te penetrarás con el pene de tu pareja y lo harás de la siguiente manera:

Primero. Te colocarás de pie con las piernas abiertas lo suficiente para que el cuerpo de tu compañero recostado, quede entre tus piernas. Lo harás a la altura de su pelvis y dando la espalda a su cara, lo que quiere decir que tú deberás estar viendo los pies de tu compañero.

Segundo. Le pedirás que con una mano, sujete su pene por la base, de tal manera que quede en posición vertical y que lo mantenga así, sin moverlo, mientras tú continúas con el proceso.

Tercero. Te sentarás sobre tu pareja calculando que tu ano quede exactamente arriba del glande de él. Bajarás tus caderas tanto como sea necesario, hasta sentir que tu ano toca el glande de tu compañero. Deberás comprobar que la alineación y verticalidad del pene, es la correcta.

Cuarto. Bajarás un poquito más tus caderas, hasta sentir que su glande presiona tu ano, lo suficiente para sentir la presión, pero no tanto como para penetrarte. Sosteniendo la presión, pujarás de la misma forma que lo haces al obrar, hasta que sientas que tu ano se ha expandido hacia fuera.

Quinto. Sin dejar de pujar, bajarás tus caderas hasta que hagan contacto con el cuerpo de tu compañero. Lo puedes hacer rápido o despacio, mientras no dejes de pujar, no sentirás dolor.

Sexto. Para tu comodidad, descansa todo el peso de tu cuerpo, sobre el de tu pareja (ten en cuenta el séptimo punto) En este momento deja de pujar, relájate y permanezcan quietos el tiempo necesario para que tu ano se dilate o amolde al pene de tu compañero. Como mínimo deberán ser 2 minutos, pero no es una regla, tú sentirás en qué momento tu ano se ha amoldado al pene de tu pareja. Cuando sientas que el amoldamiento ha finalizado, puedes comprobarlo moviéndote un poco en sentido ascendente y descendente, sin pujar. La ausencia de molestia, te dará la pauta comenzar a disfrutar del sexo anal.

Séptimo. Existen dos casos en los que puedes llegar a sentir una ligera molestia en el interior del recto. El primero es cuando tu pareja tiene un pene bastante largo y el segundo, es cuando no tuviste la prevención de obrar antes de la penetración. En ambos casos lo que sucede es que se llega al límite del recto, en donde dobla el intestino grueso. La molestia realmente la sentiremos en el intestino grueso, pero solo mientras se reacomoda a la masa que ahora guarda. Esta molestia, “molestia, NO dolor”, generalmente desaparece antes de que el ano se termine de amoldar, de cualquier manera no está por demás recomendarte que NO inicies la cópula, hasta que la molestia desaparezca por completo.

Octavo. Ahora que tu cuerpo se ha amoldado a tu compañero, puedes comenzar a disfrutar de las maravillas que el sexo anal te dará. Puedes cambiar de posición cuantas veces quieran, pues ya no te molestará. La posición para amoldar, resulta muy cansada para copular. También, tu compañero podrá entrar y salir cuantas veces quiera, no te lastimará ya que tu cuerpo se encuentra amoldado al de él.

Noveno. Por ningún motivo permitas ser penetrada por la vagina después de haber copulado por el ano, hasta que ambos hayan lavado perfectamente sus partes. Si lo haces antes de asearse, corres un gran riesgo de infección. Los parásitos intestinales y las infecciones urinarias ocurren cuando las bacterias que habitan en el ano llegan a la vagina. El recto y el ano son hogar de bacterias que resultan benignas si se mantienen en esas áreas, pero pueden manifestarse negativamente si entran en contacto con la boca, la vagina o el pene. Por eso las precauciones higiénicas son fundamentales.

Permíteme recordarte que el cuerpo de nosotras las mujeres, es elástico. Si entre una cópula anal y otra, pasan más de 2 días, tendrás que repetir todo el proceso de amoldamiento, pues nuestro organismo tiende siempre a recuperarse a su estado original.

¿Qué hago? Si después de seguir las indicaciones, persiste el dolor

Cuando se introduce algo en el ano (ya sea un dedo, el pene o un juguete sexual), los músculos sufren un pequeño espasmo, que se dilata en unos segundos al detener el movimiento. Por eso, es fundamental esperar la relajación de estos músculos (sobre todo las primeras veces) para después seguir con la penetración. En muchos casos, el estrés o los nervios logran la contracción de los músculos anales que, por el contrario, deben estar súper relajados.

Si después de tomar todas las precauciones, persiste el dolor o la incomodidad, hay que detener la penetración, el sexo anal no debe doler. Mi mejor consejo es que acudas a un médico para que te cheque, posiblemente tengas algún problema del que no te haz dado cuenta. La aparición de dolor indica que hay algo que anda mal.

Para finalizar, les dejo unos tips con las mejores posturas para el sexo anal, en las que por cierto, si las hacen después del proceso de amoldamiento, NO SENTIRÁN NINGÚN DOLOR.

Las mejores posturas

Para empezar, quizá la posición más favorable consista en que la mujer permanezca acostada boca arriba (con un almohadón en la cintura para elevar las caderas) y el hombre arrodillado o sentado en medio de sus piernas. La penetración no es tan profunda, por lo que es más difícil que aparezca dolor.

El clásico perrito puede ser doloroso al principio, porque el pene penetra profundamente en esa posición y los músculos anales están más rígidos. Una alternativa es que la mujer se coloque en “cuatro”, pero se incorpore sobre sus rodillas para recibir al hombre.

Ambos acostados de espaldas boca abajo es la postura más popular y tal vez la más cómoda, pero también conviene realizarla con algún soporte bajo la cintura para elevar la zona anal.

La carpa, la postura más primitiva y quizá la más placentera. La mujer hincada con rodillas y hombros apoyados en la cama y la cadera hacia arriba; el hombre por detrás, de pie o arrodillado. Esto permite que el ano se dilate y que la mujer se relaje, permitiendo una penetración completa.

La doble penetración. Suele ser muy placentera para nosotras las mujeres, aunque muchas veces los prejuicios impiden satisfacer estos deseos. Es importante aclarar que no es imprescindible formar un trío con dos hombres para conseguir la penetración simultánea en la vagina y el ano. Recuerden que existen juguetes. La pareja puede satisfacer el deseo ayudándose con un vibrador que pueda introducirse sin mayores molestias. Esta variante también puede hacerse a la inversa: un coito anal complementado por la estimulación de la vagina y el clítoris con el vibrador.

Los cuidados básicos

La mucosa del recto es muy delicada y siempre sufre pequeños desgarros internos que pueden poner en contacto sangre y semen durante la penetración. Por eso, el riesgo de SIDA (HIV) es alto para ambos participantes, sobre todo para la mujer, si no se está completamente segura de la salud de su pareja. Estos riesgos disminuyen con el uso de preservativos.

Otras ETS (enfermedades de transmisión sexual), como la gonorrea, la sífilis y el herpes, no se contagian por vía anal.